Monthly Archives: December 2012

un post que se me pasó colgar, pero siempre actual

EL TRIUNFO DE LA ECONOMÍA DE MERCADO

“El gobierno saca a la venta los permisos de residencia: aquellos inmigrantes que compren casas por un valor superior a 160.000 euros obtendrán permiso de residencia en España”. Con esta alarmante noticia nos levantamos hoy los españoles, ofrecida en exclusiva en un primer momento por el diario Público.

A los españoles nos sobra alegría y nos falta altura de miras, de reflexiones, de investigación y, sobre todo, de lucha en demasiadas ocasiones. Detrás de cada perturbado anuncio en relación con el mundo social que hacen los gobiernos de este país hay siempre un bagaje ideológico y unas consecuencias, de sobra conocidas por sus autores, cuyo precio siempre pagan los más débiles.

Asistimos, boquiabiertos, pasmados, si lo prefieren, al triunfo de un sistema que, no conforme con llevarnos a la ruina, desea adoctrinarnos y dejar al animal racional que somos, en simplemente animal. Incluso aquellos que provenimos de las capas más bajas, económicamente hablando, de esta sociedad estamos cuasi-convencidos de que el capitalismo atroz no solo es el mejor sistema económico, es el único. Los programas de adoctrinamiento y control perpetrados por los poderes económicos mundiales, quienes al final son el único gobierno mundial absolutista, no elegido y perpetuo, han surtido un efecto incluso mayor del esperado. Los hijos de los obreros de este país, creen al pie de la letra todo lo que sus controlados medios de comunicación les cuentan y, de ahí la irracionalidad de esta época, no se preguntan, no se cuestionan nada. El mayor de los triunfos del capitalismo ha sido hacer creer a los jóvenes, y a los no tan jóvenes, que todo se puede comprar y vender, que todo tiene un precio, que la oferta y la demanda son dogmas universales y que la competencia es la madre de todas las virtudes. No nos encontramos inmersos en una crisis de falta valores, como algunos auguran, nos encontramos en una crisis de cambio de valores, cambios tan rápidos y tan profundos que desnaturalizan al propio ser humano, gregario, social y solidario por naturaleza. El sistema es capaz de hacer creer a sus súbditos que la competencia es buena cuando se da entre los trabajadores y los estudiantes y al mismo tiempo que las grandes empresas multinacionales (que, por consiguiente, forman oligopolios) son la panacea universal. Ha sido capaz de poner de acuerdo a las empresas (quienes se suponen competidoras por propia definición) y a los trabajadores en contra de sus pares, ha sido capaz de hacer perder la fe en la política y en los sindicatos, en los políticos y sindicalistas, ha sido capaz de hacernos ver como algo normal que una persona gane cientos de millones  euros al año mientras otras sobreviven gracias a la caridad (si se lo ha ganado…), ha logrado que lo que antes eran derechos sociales asumidos por todos ahora se convierta en producto del mercado, donde quienes pueden pagarlos los tienen y quienes no, se condenan a la pobreza (llámese vivienda, sanidad, educación, dependencia, pensión,…) detrás de cada medida hay un fin, siempre legal, tan legal como injusto. No debe ser difícil cumplir la ley cuando es uno mismo el que la hace y la controla a través de su enorme poder económico.

Detrás del recorte educativo está el interés por conseguir obreros menos cualificados (más baratos) para la producción, detrás del recorte sanitario pagar los favores y financiaciones de campañas de una cadena de hospitales privados española, detrás de esta medida expulsar a los inmigrantes que aún viven en España, o ¿acaso conocen algún sin papeles que venga a España con 160.000 euros? ¿Creen de verdad que alguien con esa suma de dinero se arriesga a perder su vida en una patera por venir a este país? ¿No piensan que con ese dinero viviría mejor en su país?  Siempre queda la posibilidad de la hipoteca ¿Conocen a alguien que haya conseguido una en los últimos 3 años? Se vende ser español. Sin duda alguna, este gobierno, fiel sucesor de su franquista fundador (despedido como demócrata, un demócrata que firmaba sentencias de muerte y censuraba libertades), gusta poco de aquellos que son diferentes, al menos si esa diferencia no viene adornada por un fajo de euros lo suficientemente cuantioso como para ser considerado un señor (y pasan de ser llamados inmigrantes a ser considerados turistas, de ser “moros” a ser “árabes, todo suena mejor cuando viene acompañado del finero). Y ante esta barbarie, los españoles, boquiabiertos, seguimos dejando que se nos caiga la baba y resbale por nuestra mejilla tirados en nuestro sofá, frente a una tele de plasma, hasta que nos toque también que nos echen de ese sofá y de esa casa.

 

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MIEDO AL NACIONALISMO

YO TAMBIÉN TENGO MIEDO AL NACIONALISMO

            Juan Benyto, doctor  en Derecho por la Universidad de Bolonia y una persona poco sospechosa de ser de izquierdas, escribía en el año 1980, “el nacionalismo, como símbolo patriótico y exacerbado del amor a la patria, es, por definición, de derechas” (CIU, PNV, PP,…). Podrán disfrazarse con signos, algunas ideas y hasta nombres de la izquierda, pero nunca podrán ser considerados de izquierdas como tales.  La razón fundamental es que el sentimiento nacionalista es un sentimiento de amor a la nación propia que nace del odio a la nación de al lado y de un sentimiento de superioridad que solamente es posible considerando presupuestos ideológicos de derechas. ¿Cómo podrá defender valores como la igualdad, la libertad y la solidaridad quien desea imponer sus ideas al resto de su población, quien se siente por encima y quien arguye  como causa de su independencia que aporta más de lo que recibe?

Muchos se habrán sorprendido de lo rápidamente que CIU y ERC han llegado a un acuerdo de gobierno, a mí, personalmente, no me ha sorprendido lo más mínimo. No me ha sorprendido, porque detrás de las ideologías y banderas que dicen defender se encuentra un mismo sentimiento de odio hacia quienes en el siglo XVIII le impusieron un sistema del que no se sentían parte (Decretos de Nueva Planta) y la misma aspiración de egoísmo y falta de solidaridad. Solo le deseo a Cataluña, que, decida lo que decida, sea capaz de hacerlo desde la responsabilidad y desde la libertad y que sea lo suficientemente inteligente como para poder darse cuenta a tiempo que detrás de toda esta pantomima sólo se esconde una amenaza que se le escapó de las manos a un señor de honorabilidad más que cuestionable. La solución a la cuestión independentista de Cataluña es sencilla, se mide en euros por ciudadano, curiosamente medida utilizada para todo por los señores del nacionalismo español para intentar privatizar todo el sistema de Bienestar Social y para imponer el repago en casi todos los servicios básicos que ya veníamos pagando con nuestros impuestos.

Lo dicho, me da miedo el nacionalismo, porque me da miedo la derecha, pues en este país nunca hemos sacado nada bueno mientras han gobernado los defensores de las grandes fortunas y de la desprotección social.

Soy de izquierdas, porque no me siento superior a nadie, creo en la igualdad y la libertad y, sobre todo, porque creo en la solidaridad como único mecanismo capaz de repartir justicia en nuestra sociedad.

 

PSOE, TRAICIÓN Y CONFIANZA

PSOE, TRAICIÓN Y CONCIENCIA

Decía el escritor Sergio Faccio, que “la más deplorable e imperdonable de las traiciones es la traición a sí mismo”, tan imperdonable que no solo los demás no son capaces de olvidarla, sino que no la olvida nuestra propia conciencia. Si Faccio fuera analista político no podría haber sintetizado mejor la esencia de la situación actual del Partido Socialista Obrero Español a día de hoy, un partido cuyos dirigentes parecen no querer ver lo que los ciudadanos le dicen elección tras elección.

Son muchas las razones que se han venido barajando sobre la debacle sufrida en este último año, tanto desde dentro del partido como desde los propios medios de comunicación. Sin embargo, la verdadera razón de la disminución de votos del partido, que al final no es más que la pérdida de confianza de los ciudadanos, no es más que la sensación de traición de esa misma confianza. El PSOE ha perdido las elecciones única y exclusivamente por haber traicionado esas cuatro letras que forman un acrónimo tan denostado a día de hoy y del que tantos fieles seguidores empiezan a renegar. Detrás de cada una de esas letras hay décadas de esfuerzo y trabajo por conseguir un posicionamiento en la mente del ciudadano y lograr una ideología y una imagen de marca fuerte. Este partido ha caído de una forma tan brutal por traicionarse a sí mismo y, por consiguiente, traicionar a todos aquellos que creyeron en él ciegamente.

Perdimos las elecciones cuando dejamos de ser un PARTIDO y nos convertimos en una agencia de empleo, un grupo de interés económico y una marioneta al servicio del poder real fáctico.

Perdimos las elecciones cuando dejamos de ser SOCIALISTA para convertirnos en defensores acérrimos del capitalismo atroz e indiscriminado que presiona y demoniza a los sindicatos y a los trabajadores, cuando congelamos las pensiones a los jubilados, cuando bajamos el sueldo a los funcionarios, cuando hicimos una política económica orientada a la gran empresa en lugar de a Pymes y trabajadores, cuando hicimos de nuestra política económica la continuación de la “barbarie pepera”.

Perdimos las elecciones cuando dejamos de ser OBREROS y nos hicimos más amigos de Botín y sus secuaces que de la clase trabajadora, salvando bancos y dejando hundirse a millones de familias con medidas que sabíamos de antemano que no iban a funcionar.

Perdimos las elecciones cuando dejamos de ser ESPAÑOL y empezamos a mirar por los intereses de unos pocos nacionalistas en lugar de mirar por el bien común y general de todos los ciudadanos.

Recuperar estas siglas no va a ser tarea fácil, ni siquiera es una tarea segura, pero de la recuperación de todas y cada una de estas letras depende el futuro del PSOE y el de millones de ciudadanos, de recuperar estas letras depende que tengamos que seguir pidiendo perdón o siendo alternativa, de recuperar estas letras depende que nuestra conciencia consiga perdonarnos mediante la expiación de nuestras culpas o nos hunda para siempre en un abismo de desilusión y desencanto.