un post que se me pasó colgar, pero siempre actual

EL TRIUNFO DE LA ECONOMÍA DE MERCADO

“El gobierno saca a la venta los permisos de residencia: aquellos inmigrantes que compren casas por un valor superior a 160.000 euros obtendrán permiso de residencia en España”. Con esta alarmante noticia nos levantamos hoy los españoles, ofrecida en exclusiva en un primer momento por el diario Público.

A los españoles nos sobra alegría y nos falta altura de miras, de reflexiones, de investigación y, sobre todo, de lucha en demasiadas ocasiones. Detrás de cada perturbado anuncio en relación con el mundo social que hacen los gobiernos de este país hay siempre un bagaje ideológico y unas consecuencias, de sobra conocidas por sus autores, cuyo precio siempre pagan los más débiles.

Asistimos, boquiabiertos, pasmados, si lo prefieren, al triunfo de un sistema que, no conforme con llevarnos a la ruina, desea adoctrinarnos y dejar al animal racional que somos, en simplemente animal. Incluso aquellos que provenimos de las capas más bajas, económicamente hablando, de esta sociedad estamos cuasi-convencidos de que el capitalismo atroz no solo es el mejor sistema económico, es el único. Los programas de adoctrinamiento y control perpetrados por los poderes económicos mundiales, quienes al final son el único gobierno mundial absolutista, no elegido y perpetuo, han surtido un efecto incluso mayor del esperado. Los hijos de los obreros de este país, creen al pie de la letra todo lo que sus controlados medios de comunicación les cuentan y, de ahí la irracionalidad de esta época, no se preguntan, no se cuestionan nada. El mayor de los triunfos del capitalismo ha sido hacer creer a los jóvenes, y a los no tan jóvenes, que todo se puede comprar y vender, que todo tiene un precio, que la oferta y la demanda son dogmas universales y que la competencia es la madre de todas las virtudes. No nos encontramos inmersos en una crisis de falta valores, como algunos auguran, nos encontramos en una crisis de cambio de valores, cambios tan rápidos y tan profundos que desnaturalizan al propio ser humano, gregario, social y solidario por naturaleza. El sistema es capaz de hacer creer a sus súbditos que la competencia es buena cuando se da entre los trabajadores y los estudiantes y al mismo tiempo que las grandes empresas multinacionales (que, por consiguiente, forman oligopolios) son la panacea universal. Ha sido capaz de poner de acuerdo a las empresas (quienes se suponen competidoras por propia definición) y a los trabajadores en contra de sus pares, ha sido capaz de hacer perder la fe en la política y en los sindicatos, en los políticos y sindicalistas, ha sido capaz de hacernos ver como algo normal que una persona gane cientos de millones  euros al año mientras otras sobreviven gracias a la caridad (si se lo ha ganado…), ha logrado que lo que antes eran derechos sociales asumidos por todos ahora se convierta en producto del mercado, donde quienes pueden pagarlos los tienen y quienes no, se condenan a la pobreza (llámese vivienda, sanidad, educación, dependencia, pensión,…) detrás de cada medida hay un fin, siempre legal, tan legal como injusto. No debe ser difícil cumplir la ley cuando es uno mismo el que la hace y la controla a través de su enorme poder económico.

Detrás del recorte educativo está el interés por conseguir obreros menos cualificados (más baratos) para la producción, detrás del recorte sanitario pagar los favores y financiaciones de campañas de una cadena de hospitales privados española, detrás de esta medida expulsar a los inmigrantes que aún viven en España, o ¿acaso conocen algún sin papeles que venga a España con 160.000 euros? ¿Creen de verdad que alguien con esa suma de dinero se arriesga a perder su vida en una patera por venir a este país? ¿No piensan que con ese dinero viviría mejor en su país?  Siempre queda la posibilidad de la hipoteca ¿Conocen a alguien que haya conseguido una en los últimos 3 años? Se vende ser español. Sin duda alguna, este gobierno, fiel sucesor de su franquista fundador (despedido como demócrata, un demócrata que firmaba sentencias de muerte y censuraba libertades), gusta poco de aquellos que son diferentes, al menos si esa diferencia no viene adornada por un fajo de euros lo suficientemente cuantioso como para ser considerado un señor (y pasan de ser llamados inmigrantes a ser considerados turistas, de ser “moros” a ser “árabes, todo suena mejor cuando viene acompañado del finero). Y ante esta barbarie, los españoles, boquiabiertos, seguimos dejando que se nos caiga la baba y resbale por nuestra mejilla tirados en nuestro sofá, frente a una tele de plasma, hasta que nos toque también que nos echen de ese sofá y de esa casa.

 

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