IBARRA, PATENTE SOCIALISTA

IBARRA, PATRIMONIO DEL PSOE

Parece ser que a pesar de los muchos esfuerzos de ciertos diarios por censurar entre sus páginas a Rodríguez Ibarra, el ex-presidente resulta tan necesario para tener éxito en esta región como el aire para poder seguir respirando.

La semana pasada nos encontrábamos entre las páginas del diario HOY un artículo escrito por Manuela Martín, un análisis político que hablaba de un triángulo de actores, un triunvirato de presidentes autonómicos con extrañas relaciones entre ellos. A nadie se le escapa el intento, y aún más, el enorme esfuerzo del señor Monago por mostrarse a sí mismo como el sucesor de Ibarra y por mostrar a Fernández Vara como una antítesis a la buena política, las buenas costumbres y la manera correcta de hacer región y, de momento, parece que el verdadero gobernante de la Comunidad, su jefe de marketing, lo está consiguiendo. Pero ¿acaso se podría esperar otra cosa del dirigente de un partido sin historia o, más bien, con una historia que pretenden hacernos olvidar? A mí desde luego me parece normal, no creo que al señor Monago ni a ningún otro le resulte de orgullo personal mostrarse como sucesor de un franquista que firmaba sentencias de muerte, por muy fundador de su partido que sea. ¿Podríamos anhelar algo distinto de una persona tan simple que no puede encontrar una esencia propia si no es imitando a sus predecesores? Un imitador queridos lectores, un imitador que no consigue superar a sus originales. Mientras estaba en la oposición se dedicó a imitar a Fernández Vara hasta un punto tan esquizofrénico y enfermizo que llegó a copiarle la manera de ser, las propuestas, la agenda que seguía, la forma de expresarse y hasta el pin que llevaba éste en la chaqueta. Una vez gobernando optó por copiar las maneras y hasta las palabras de Rodríguez Ibarra, desde luego con bastante poco éxito aunque le eche muchos “collons”. En economía esta forma de hacer la cosas, no están mal vistas, se llama “benchmarking” y funciona en los casos en los que se hace adecuadamente, pero por desgracia para él, el actual presidente no es capaz si quiera de copiar adecuadamente. En el mundo político es otra historia, los ciudadanos buscan originalidad, nuevas propuestas y alguien capaz de ser sí mismo sin necesidad de parecer un paranoico imitador.

El señor Monago, aunque cristiano, no parece estar por la labor de cumplir el séptimo mandamiento y pretende adueñarse de lo que no le pertenece. Por mucho que le duela al señor Monago y, me atrevería a decir, a la periodista Manuela Martín, Rodríguez Ibarra es patrimonio del PSOE y si a alguno de ellos o a cualquier otro le queda alguna duda que se lo pregunte el propio ex-presidente.

En fin, resulta que sin Ibarra ni Monago ni la señora Martín saben qué decir, cómo decirlo o cómo venderse a ciudadanos y lectores, pero para su desgracia la patente Ibarra y la patente Vara son socialistas, todo lo demás, simples imitaciones con un buen plan de marketing, y como toda imitación, lejos de alcanzar la suela de los zapatos de sus imitados.

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