DÍA DE LAS PERSONAS SIN HOGAR

Hoy, 28 de noviembre, es el día de las personas sin techo, esa clase en auge en España, tan en auge como en descenso la vergüenza y los valores de quienes manejan los hilos de este rancio país. Resulta, cuanto menos, bochornoso que un gobierno en pleno consienta que los promotores inmobiliarios (uno de los grandes causantes de esta crisis) cuenten en su haber con millones de viviendas vacías mientras cientos de miles de personas se van a la calle cada año, todo ello con la connivencia de los títeres políticos que nos gobiernan y con el beneplácito del poder real, los bancos y los grandes ricos. Por cierto, hace una semana se publicó el estado de la deuda en España, resulta que casi el 70% de la deuda es deuda privada y de esa deuda privada más del 75% pertenece a empresas, fundamentalmente grandes empresas, con estos datos uno se pregunta ¿Quién vivió por encima de sus posibilidades? ¿Dónde debe llevarse a cabo el recorte?

Hoy mi recuerdo para miles de personas que, sin tener la culpa de nada más que de querer vivir dignamente, se han quedado sin techo y, lo que es peor, sin hogar.

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YO, ASÍ, NO JUEGO

YO ASÍ NO JUEGO

Soy infantil, según algunos, excéntrico, según otros, imprudente por mi juventud, según la mayoría, pero ante todo soy ilusionado como un niño en todo lo que hago, según quienes me quieren. No sé si todos los valores de los niños son positivos, pero hoy me ha venido a la mente uno que se repite en los mayores más mayores (no por edad, sino por poder) del control mundial.

Observando, leyendo y estudiando la nueva ley “contra” el desahucio me ha venido a la mente una de esas anécdotas comunes a todas las personas, una de esas experiencias ineludibles que todos hemos vivido alguna vez en nuestra vida. Recuerdo, casi con cariño y admiración, aquella facilidad con la que asumía todos los preceptos de mi niñez y las imposiciones de los juegos, las reglas. Me viene a la mente la imagen, entre perversa e irracional, de aquellos momentos de patio, recreo, futbol, risas, enfados y discusiones, en las que el dueño del balón con el que jugábamos (casi siempre alguien que no era desde luego de mi barrio) nos relataba las reglas para jugar al fútbol, adecuando el reglamento Fifa según su propio interés y su propia situación, mientras los demás, asumíamos y afirmábamos para poder seguir jugando (número de jugadores por equipo, lo que era y lo que no era falta, quién era el portero, quién pertenecía a cada equipo, duración del partido,…) si no estabas de acuerdo con las reglas la decisión y el castigo (misma cara de la misma moneda) era claro, sencillo e intuitivo, NO JUEGAS, ESTÁS EXPULSADO. Si había algún hecho que para ti era digno de sancionar con falta, pero para el dueño del balón no, no era falta, si para ti la falta era dentro del área, pero para él no, no era penalti, si al propietario y regulador le apetecía cambiar las reglas durante el transcurso del partido, era totalmente lícito, y en caso de ser tan cabezón y constante como un servidor (pesadez lo llaman algunos de mis más íntimos), acababas el recreo jugando a cualquier otra cosa. A todos nos ha pasado esto, en el fútbol, en cualquier otro deporte, en las canicas, jugando a los cromos o a hasta a juegos de mesa. Todos hemos soportado con estoicismo y buena cara, aunque con mal genio, el enfado de quien establecía las reglas del juego y, en ocasiones, hasta hemos aceptado que se marche y acabase el juego. Conforme fuimos creciendo empezamos a considerar, y hasta a aceptar, que las reglas debían ser justas, pactadas e inamovibles, al menos durante cada partido y, de este modo, ya lográbamos llevarnos mejor y llegar al final de algún encuentro más. Algunos nos hicimos mayores en cosas como esta, otros parece no tener ningún interés en madurar.

Tenemos ante nuestros ojos un juego de estos en lo que los que ponen las reglas son los dueños del balón, y las cambian según vayan ganando o perdiendo en el partido con la continua amenaza de llevarse la pelota si no nos adaptamos. No me cabe la menor duda de quiénes son los verdaderos redactores de esta ley “de” desahucios, decir contra sería faltar a la verdad de su texto y de su espíritu, si es que una ley así puede tener algún espíritu que no sea antisocial. Los sinvergüenzas que nos han metido en esta galopante crisis económica, los bancos, son los verdaderos redactores de las reglas del juego, son los verdaderos redactores de esta ley, tan legal como injusta, con la excusa de que en caso de aceptar la dación en pago o la moratoria de dos años se acabará con la buena cultura del pago en España (`por cierto, Italia, Alemania y otros países tienen esas premisas y no existe esa mala cultura a la que dicen que nos abocaríamos).

Tengo una propuesta, maduremos y pactemos entre todos las reglas de este partido, ya que el balón se lo vamos a pagar entre todos, a pesar de haber sido ellos quienes lo han reventado por su mala gestión, mala actuación y mala fe. En caso contrario, dejemos que se queden sin balón, opongámonos a rescates de bancos que no rescaten personas, o, por el contrario, si no queremos madurar y vamos a seguir aceptando que las reglas son las que pongan ellos, eliminemos el parlamento (habría que cambiar la constitución, peo no hay problema, ya lo hemos hecho con cuestiones menos importantes) y entreguemos el poder a los verdaderos gobernantes y legisladores, porque ¿para qué pagar unos árbitros que solo pitan lo que el dueño del balón les dice? Creo que con financiar Davos una vez al año nos bastaría, aunque comen manjares saldría más barato, son menos y sólo dura una semana.

Si el juego funciona así, yo me niego a participar, al igual que cuando era niño (en la cabezonería no he madurado), si vamos a jugar así, prefiero no jugar.

UN PAÍS QUE BAILA AL RITMO DE LA MUERTE

UN PAÍS A RITMO DE MUERTE

Los españoles, por más que no queramos entenderlos, tenemos una serie de clichés a nivel internacional nada agradables. Nuestra imagen exterior, esa que me citan y critican todas y cada una de las veces que me desplazo al extranjero por motivos laborales o de estudio, no es para nada buena. Tenemos fama de ser unos fiesteros, unos vagos y unos dejados, como si este país no girase al mismo ritmo que el resto de la Tierra y el globo y el sol al pasar por estas latitudes se detuviese a conversar o simplemente a admirar algo poco común. Los ciudadanos de otros países nos envidian y nos compadecen a un mismo tiempo por ello, por ser más lentos que el resto y no ser para nada proactivos.

Pero este defecto congénito de la sociedad y la cultura española empieza y alcanza su máximo esplendor en sus representantes políticos, en casi todos ellos podemos observar cierto deje de “vuelva usted mañana”, “no me agobie con sus cosas”, no tenga tanta prisa” o “ya habrá momento para hacerlo”, defecto este que disfrazado de paciencia nos hace pasar por personas amables y afables con tono despreocupado. Somos ante todo reactivos, es decir, respondemos a las circunstancias, en lugar de provocarlas o preverlas. Y de este modo, esta España decadente, se ha marcado un ritmo de trabajo marcado por la tragedia y la muerte, un ritmo de toma de decisiones en el que si no mueren personas no parece tener importancia poner medios. Existe un dicho popular muy escuchado en este país que dice que “no pongamos el parche antes de que salga la herida” y,  según parece, la herida ha de ser bastante incurable para que pongamos el parche. Sin duda alguna, parches como esos deberían haberse puesto desde hace mucho y quizá así habríamos evitado la muerte de cuatro chicas en una macrofiesta sin vigilancia ni aforo máximo, la de dos personas que iban a ser desahuciadas, la de tantos jóvenes en la carretera que une Olivenza con Badajoz o la de tantas personas mayores a las que nunca les llega su ayuda para ser atendidos por estar en situación de dependencia.

Vivimos en una España en la que si no mueren personas, no nos interesa tocar las leyes, pues mientras el ciudadano trague, sigue habiendo sitio, ya cuando reviente le pondremos un parche para los demás.

Yo, desde aquí no pido parches antes de que salgan la herida, pido a nuestros bien pagados, que pongan medios para evitar, incluso, que salgamos todos heridos o, lo que es aún peor, heridos sin marcha atrás y con el final escrito. Solo pido eso, que dejemos de bailar al ritmo de la muerte y empecemos a bailar al ritmo del rescate de las personas, mucho más importantes que las instituciones, incluso mucho más que las instituciones con que manejan el dinero.

ECONOMÍA DEL PUEBLO II

ESO DEL BANCO MALO

 

Enciendo la televisión, escucho noticias, tertulias debates y todo tipo de programas de opinión hablando sobre economía, y, a pesar de ser economista, no entiendo ninguno de los términos que utilizan tertulianos y presentadores. Como simples discos conectados a un reproductor se limitan a repetir de forma automática términos desconocidos tratando de demostrar que los conocen y, como por arte de magia, todos estos conceptos se acomodan en la mente de los ciudadanos, creados por los encargados del marketing de Estado.

Parece estar de moda en este país, tan poco reaccionario, eso de utilizar eufemismos que disfracen, o al menos suavicen, la realidad, la dura realidad que nos rodea. Me viene a la mente entonces una anécdota televisiva, de esos programas que ridiculizan la existencia y se ríen de todo lo que nos rodea. En esta serie uno de los actores, antiguo trabajador  de banco, encuentra trabajo como basurero, pero apenado por su supuesto “descenso” en la escala social disfraza su puesto con un nombre largo y bien sonante, técnico especialista en recogida y tratamiento de residuos sólidos urbanos (quién diría que pasar de ser un estafador y un mentiroso a ser un honrado obrero es descender socialmente…). Algo parecido es lo que nos pasa en el ámbito económico en estos últimos años, decepcionados por la escasez de respuestas ante esta situación dura y difícil damos nombres casi imposibles, en otras ocasiones nombres que suenen mejor, para no llamar a las cosas por su  nombre. A la estafa financiera e inmobiliaria de unos pocos ricos la llamamos “crisis”, al rescate que conlleva a la opresión de las clases más vulnerables de este país le damos el nombre de “ayuda financiera en condiciones ventajosas”, a los fondos de inversión con los que estafaron a muchos pequeños ahorradores se les llamaba “carry trade” (es que en inglés siempre es todo más bonito), a la condena a la pobreza de la clase trabajadora “ajustes estructurales”, al paso de una economía del empleo a una economía de la esclavitud “reforma laboral” y a la nacionalización de las pérdidas de los bancos “Banco Malo”.

Hoy quisiera explicar qué es eso del Banco Malo, para que empecemos a llamarlo por su nombre.

El ciudadano pide dinero al banco para poder comprarse una vivienda, un supuesto derecho constitucional y que, por tanto, debería estar garantizado por el Estado. El banco le da el préstamo a su nuevo cliente a cambio de unos cuantiosos intereses y le da órdenes a su tasador para que infle el precio de la vivienda, es decir, que un trabajador del banco es el que decide cuánto vale la vivienda y le da una hipoteca por ese valor. Una hipoteca, como su propio nombre indica, es un préstamo con una garantía, lo cual significa que se le da un dinero para comprar un bien y en caso de impago el banco se queda con ese bien y queda saldada la deuda (esto es teoría del derecho, es realidad la dación en pago en nuestro super-desarrollado país no existe). El banco contabiliza que la casa tiene un valor de 200.000 euros, que junto con los intereses que va a cobrar se queda en unos 250.000, y eso lo anota en su contabilidad. Cuando los trabajadores que han pedido la hipoteca se quedan sin trabajo y dejan de pagarla el banco contabiliza un cliente moroso. Si ya había pagado 100.000 euros significa que aún debería cobrar 150.000 y, por tanto, desahucia a los inquilinos (los echa a la calle sin consideraciones personales de ningún tipo) y trata de vender la casa por más de 150.000 euros (recordemos que ese valor no es el real, es el valor que el banco estimó oportuno poner a la vivienda, ellos fueron quienes decidieron inflarlo). Como esa vivienda ya no vale tanto, si el banco decidiera venderla perdería dinero, así que toma otra decisión, crea un banco malo. ¿Qué es un banco malo? El banco vende la vivienda por el precio que aún le queda por cobrar (en muchos casos el 100% del valor, ya que muchas son casas de los promotores que pidieron un préstamo para ello), que es el precio que ellos deciden, al Estado y el Estado, con los impuestos de todos los ciudadanos, paga el valor que el banco le pida. De esta manera el Estado acumula esa enorme cantidad de viviendas y las vende a un precio inferior al que las ha comprado, el banco gana lo que tenía previsto (intereses incluidos) y el Estado asume la pérdida de valor cuando decida venderlas.  Esto significa además que los bancos están desahuciando familias de unas casas que les vamos a comprar todos los españoles.

Resumiendo, el banco malo no es más que la maniobra del gobierno y los bancos para que éstos no pierdan ni un solo céntimo de lo que habían previsto en sus cuentas, vamos, una estafa en toda regla.

 

 

YES, WE ASK

VALE OBAMA, ERES PRESIDENTE ¿Y AHORA QUÉ?

Esta podría ser la frase con la que millones de americanos se despertarán dentro de unas horas. El país que gobierna el resto del mundo (a pesar de haber perdido una gran parte de su poder como consecuencia del avance chino y su esclavismo de la clase trabajadora al servicio del Estado y del capitalismo atroz) ha decidido dar su confianza otros cuatro años más al ya reelegido presidente Barack Obama, pero ¿qué nos espera ahora? Anécdotas aparte, esto no es el final de nada, más que de un proceso electoral multimillonario (según fuentes americanas se han gastado unos 6000 millones de dólares entre los dos), esto debe ser el principio de una nueva era para el pueblo americano y, por ende, para el resto de sus súbditos, el resto del mundo. Nos encontramos un Obama que tras conocer los resultados se reconoce con más entusiasmo y determinación (esa que le faltó para avanzar desde el punto de vista social en sus pasados cuatro años de gobierno), una determinación de la que dependerá que el mundo siga siendo un juguete en manos del Tea Party (un club de pijos neofascistas cuyos únicos fines son los de conseguir controlar todos los poderes para mantener su posición, es decir, el inmovilismo social y económico) o avance por una senda necesaria y, como se ha demostrado en estas elecciones, deseada.

Señor Obama, usted ya no puede ser reelegido de nuevo, además ya ha reconocido que no volverá a presentarse, por ello tengo la ilusión y la esperanza de que ahora sí, YES WE CAN, sí podrá hacer lo que en los últimos cuatro años, quizá por medio, quizá por no controlar las Cámaras, prometió y no cumplió. No tiene nada que perder, pero el mundo que le han puesto en sus manos, tiene mucho que ganar. Comience por dar cobertura sanitaria a los millones de ciudadanos que no pueden pagársela (aunque eso signifique que algunos dejen de ganar miles de millones al año, miles de millones que se llevan a la tumba, pues nadie en su sano juicio puede gastar tanto), apruebe el matrimonio homosexual ahora que por primera vez hay una senadora lesbiana, apueste por una educación pública de calidad (quizás así nos podríamos ahorrar ciertos comentarios machistas sobre la violación como los escuchados a algunos de sus rivales, dos de los cuales han sido castigados por el pueblo dejándolos sin asiento), déjese de inventar guerras con las que pagar la financiación que reciben de las empresas armamentísticas, regule el derecho a tener armas, regule el aborto en su país, instaure un régimen de Seguridad Social para sus ciudadanos,… son muchas las tareas pendientes, pero en cuatro años se pueden hacer muchas cosas.

Señor Obama, USA es el espejo en el que, por desgracia, se mira el resto del mundo en general y Europa en particular (resulta curioso que el viejo continente se haga viejo hasta en ideas y gire a la derecha, mientras ustedes tratan de girar a la izquierda), por ello le ruego que gobierne para quienes le han ganado estas elecciones. Usted no ha ganado nada, igual que ningún político lo hace. Las elecciones las gana el pueblo, y el pueblo que le ha sentado a usted en la Casa Blanca es el pueblo latino, el trabajador, el que no tiene casi ningún derecho por no ganar 3 millones de euros cada año como usted. Son muchas la preguntas que nos hacemos millones de ciudadano de este Estado llamado mundo y muchas las respuestas que usted debe dar y, sobre todo, muchas las acciones que usted debe tomar si quiere dejarle a sus hijas un mundo mejor del que le dejaron sus padres a usted.

Señor Obama, si es verdad eso de que puede (yes, we can) hágalo, y nunca olvide quienes le han sentado en ese sofá tan cómodo en el que va a pasar otros cuatro años.

ECONOMÍA DEL PUEBLO (I)

LA PRIMA DE RIESGO

 

Pocas veces tanta gente ha tenido una prima o primo tan escuchado y a la vez tan odiado como es el caso; la famosa prima de riesgo, esa que parece indicarnos si nuestro país va bien o mal, la que nos obliga a pedir el Rescate (y digo rescate por no llamarla por su nombre, estafa) o nos permite seguir viviendo en nuestra burbuja de independencia ficticia.

Hoy intentaré explicar qué es esto de la prima de riesgo y cómo se puede jugar con ella, es decir, cómo se puede hacer que suba o baje según intereses particulares de los inversores, o de los mercados, llámenlos como prefieran.

La prima de riesgo es una variable que se conocía hace unos años como riesgo-país, y lo que hace es medir la estabilidad/inestabilidad del país desde todos los puntos de vista posibles para calcular cuál es la posibilidad de que las personas que le han prestado dinero al Estado se queden sin él porque éste quiebre. Todo préstamo viene determinado por dos factores, el riesgo y la rentabilidad, a más riesgo de perder el dinero más rentabilidad consigues, a menor riesgo menor rentabilidad. Esto es algo lógico, si ustedes apuestan en un partido de fútbol FC Barcelona-Almería, está claro que quien apueste que será el segundo quien gane tendrá mayores ganancias en caso de acertar, pues el riesgo de perder su dinero es más elevado. La prima de riesgo, por tanto, nos indica si estamos pagando mucho o poco por endeudarnos, pero no es del todo así. La prima de riesgo es una variable comparativa, es decir, no nos indica cuánto estamos pagando por el dinero que pedimos (que esté  en 600 puntos no significa que estemos pagando un 6%), sino que nos muestra cuántas veces es mayor el tipo de interés que nosotros pagamos con respecto a Alemania, que supuestamente es el país más estable  de la eurozona (si la prima de riesgo es 600 puntos quiere decir que pagamos 6 veces más que los alemanes por el dinero que nos dejan). Esto quiere decir que la prima de riesgo puede bajar y nuestro tipo de interés subir, ya que depende del tipo alemán (si la prima alemana se triplica, la nuestra sería un tercio de la que era con anterioridad, pero el tipo de interés seguirá siendo el mismo, al final lo que realmente importa es cuánto estoy pagando de interés no la comparación con el vecino). Este método no deja de ser un tanto estúpido, pues imagínense lo que supone. Es como si cada uno de ustedes comparase el tipo de interés de su hipoteca con el del vecino, en lugar de saber si es un 5% un 1% o un 15%. El período que suele utilizarse es el bono a 10 años, es decir, el tipo de interés de las Letras del Tesoro a 10 años.

Pero esta prima de riesgo es bastante influenciable, basta con que un hedge fund (un fondo de inversión de esos que tienen tantas cifras que no sabemos escribir el número la mayoría de los mortales) decida que mañana se lleva todo su dinero de España a otro país para que se dispare, que de hecho es lo que hicieron con Grecia y Portugal para conseguir rentabilidades mayores de sus inversiones. Es un juego bastante sencillo en el que siempre gana el que tiene más. Pongan por caso que ustedes necesitan 1000 euros para poder pagar sus deudas y seguir adelante, este fondo de inversión lo que haría es darle 100 euros este mes y esperar que fuese ahogándose poco a poco, así, ustedes en su desesperación estarían dispuestos a pagarle más interés por ese mismo dinero cada día que pasase. Este es el funcionamiento de los mercados de dinero. Lo más gracioso de todo es que ese mismo dinero que los inversores nos prestan a más del 6% para el caso español el Banco Central Europeo se lo presta a ellos al 1%. El negocio es redondo, yo pido al BCE miles de millones al 1% y se lo presto al Estado español al 6%, de este modo, sin hacer nada, gano un 5% sobre el capital prestado sin riesgo alguno. ¿No sería más lógico que el propio BCE le prestase el dinero directamente a los estados al 1% para evitar asfixias y recortes? Pues sí, más lógico es, pero los grupos de presión de los grandes millonarios mundiales lograron que el BCE incorporase en sus estatutos que no puede prestar dinero a los gobiernos, pero sí a los bancos para que éstos se lo presten a los gobiernos, y así el dinero público (BCE) pasa a ser privado (bancos) para volver a ser público (gobiernos). Esos mismos bancos que estamos rescatando con nuestros impuestos se aprovechan de las dispares reglas del juego para ahogar al país que va a rescatarlos, esto es un partido en el que a un equipo se le ponen porterías de 10 metros y al otro de 50 centímetros, con reglas así siempre ganan los mismos.

De nuevo observamos cómo las normas, dictadas al amparo de los grandes, sólo benefician a los grandes millonarios y grandes bancos, quienes tienen poder absoluto para hacer y deshacer a su antojo con el dinero público lo que les plazca.

 

SAN ALFREDO BUENO, MÁRTIR

SAN ALFREDO BUENO, MÁRTIR

 

Hoy van a permitirme mis sufridos y pacientes lectores que les hable de un fin vital, la santidad. La santidad es ese estado-forma al que todo cristiano debe aspirar, de acuerdo con el Concilio Vaticano II, pero ¿qué es eso de ser santo?

Seguro que todos ustedes han leído, escuchado o visto en televisión la vida ejemplar de algún santo, cada cual más diferente, de todas las procedencias, edades, sexos y con todo tipo de virtudes/defectos (aunque éstos últimos también se nos presenten como positivos, basta con ver ciertos sobrenombres de reconocidos santos del estilo de “matamoros” y atributos parecidos). Virtudes como la pobreza, la paciencia, la entrega,.. de San Francisco, Santa Teresa y otros muchos, son el ejemplo y camino a seguir.

Precisamente por esto debemos entender qué es la santidad, para reconocer a aquellos ejemplos, a aquellos santos que a día de hoy, en pleno siglo XXI campan por esta España envueltos en su halo divino y dándonos lecciones de vida.

La santidad puede entenderse como la inexistencia de mancha, de pecados o vicios, o como la existencia de virtudes supremas a lo largo de toda la vida de una persona.

Con esta definición, se me viene a la mente una persona inmaculada del panorama español, un personaje insigne y no demasiado conocido en cuyo expediente toda mancha queda nueva, como lavada con perlán, como diría el anuncio del famoso detergente. Me refiero a uno de los señores mejor pagado y más poderoso de nuestro país, Don Alfredo Sáez, director general del Santander, y de cuyo curriculum vitae y expediente judicial, deduzco, será San Alfredo Sáez en no mucho tiempo. Este multimillonario banquero fue condenado por varios delitos por el Tribunal Supremo, pero, como el maestro borra el grafito de un niño en el cole con la goma cuando se equivoca, todo eso está  borrado, no aparece en su expediente, tras ser indultado al mes siguiente de las elecciones del 20N.Y yo, ingenuo de mí, que creía que la inviolabilidad delictiva sólo afectaba al rey (que puede asesinar sin ser castigado si le apetece, monarquía constitucional lo llaman) y los aforados que votamos cada cuatro años. Todo el castigo por su delito se redujo a una multa de algo más de 100.000 euros, su sueldo de poco más de 3 días (cobra más de 11,6 millones al año), tras haber denunciado falsamente a tres empresarios que estuvieron en prisión por su denuncia, y por estafa procesal. No está nada mal el negocio, dado que en caso de no ser indultado dejaría de recibir su sueldo como número dos del Santander y quién sabe, podría haber perdido su pensión de más de 85 millones de euros y su indemnización por cese, superior a los 100 millones de euros.. El pobre San Alfredo, como todo santo de todo tiempo y lugar histórico, es un perfecto ser humano perseguido por las instituciones y los poderes, con la finalidad de quemarlo o arrojarlo a los leones, lo que no sabemos si esos leones serán los del Congreso o los de las cortes judiciales y, por ello, no hace mucho, se inició además otro proceso contra este profesional de la banca, de la que, por supuesto, salió indemne, pues como todo santo, está tocado por una varita mágica o por la mano algún dios, quien no permite que a ninguno de sus predilectos les pase nada. En este caso no hubo que comprar a ningún político mediante la condonación de créditos del partido o puestos directivos tras su retiro, bastó con un viajecito a EEUU y el pago de la matrícula de su hija en ese mismo país para el juez que llevaba el caso. Barato se vende el señor Garzón después de tanto esfuerzo por labrarse una fama de ejemplaridad y defensor de la justicia; bueno barato, barato, tampoco, que costó 300.000 euros conseguir que se archivara la causa, pero ¿Qué son 300.000 euros en comparación con la vida eterna? Resulta curioso que el señor Baltasar Garzón fuera expulsado de la carrera judicial por esta cuestión y a nadie, absolutamente a nadie, se le ocurriera reabrir el caso, ¿no sería lógico que si el señor juez cerró un caso en el que se ven indicios de delito, por prevaricación según el tribunal, se reabriese ese caso tras sancionar al juez? Parece que la lógica de los torpes y enredosos ciudadanos que no cobramos cifras astronómicas está lejos de la lógica real con la que se mueven las cosas.

Tras la compra de jueces, partidos y gobiernos, el señor Sáez, inconformista por naturaleza, quiso alcanzar la gloria divina además de la humana, necesitaba ser un cristiano ejemplar además de ser un ciudadano matrícula de honor, y pasó a financiar eventos de la Iglesia, que la jerarquía eclesiástica le agradeció en forma de plegarias al Padre y alabanzas por las calles. No está mal el negocio, financia eventos y encuentros de la Iglesia Católica y consigue el perdón de sus casi inexistentes pecados, a la vista de su vida judicial, y encima una publicidad universal. Por cierto, sus donaciones a Cáritas ascienden a la increíble suma de 0 euros.

A la vista de los hechos, no pienso poner en duda la independencia de los poderes, pero debo poner en tela de juicio su honorabilidad, pues como en todo buen sistema capitalista, el capital compra todo, hasta la santidad, así que, queridos lectores, no les sorprenda ver próximamente en los altares a muchos banqueros y grandes empresarios y estafadores, pues el capital es suyo y, por tanto, la santidad, humana y divina, también.

Bienvenidos a la era del dios EURO, que lo ve, lo castiga, lo perdona y lo premia todo, según su antojo.